Acercamos un fragmento del libro Cómo cosechar buenas notas, de Iván Pittaluga, ideal para estudiantes secundarios. Una nota para que lean y compartan con sus hijos.
Aclaremos la cuestión. Tú no eres responsable de elegir qué profesor tendrás en tal o cual materia. No eres responsable de la capacidad del docente para explicar claramente, dar la ejercitación adecuada o tomar pruebas bien preparadas. En cambio, sí eres responsable de tu actitud en las clases, de tu esfuerzo por hacer la ejercitación y de tu estudio para los exámenes.
Eres capaz de elegir tu respuesta y decir: “Puedo elegir mi actitud. Soy responsable de mi propia felicidad o infelicidad. Yo estoy en el asiento del conductor de mi destino y no soy sólo un pasajero”.
No digo que los profesores no se equivoquen a veces. Se equivocan. Pero es demasiado fácil echarles la culpa de nuestros fracasos. Y como de esa manera la culpa queda “fuera” de nosotros, nos quedamos tranquilos… “Alguien” resolverá esos asuntos: nuestros padres hablando en el colegio, un profesor particular que nos explique todo de nuevo, etc.
Existe otro camino. Pregúntate qué puedes hacer al respecto. Esa experiencia deja una enseñanza diferente: “Pude hacerlo. Había un obstáculo y lo superé, y así ocurrirá con los futuros obstáculos. Buscaré la vuelta, pondré esfuerzo y ¡saldré adelante!”. ¿Te das una idea de la seguridad interior que da saber esto? Esta es una idea central: ante una situación difícil, ¿qué podemos hacer? Algo podemos hacer. Hagámoslo.
¿Cómo está tu “cuenta bancaria”?
Imagínate que cada profesor es un banco, de esos que reciben depósitos y dan crédito, y tú eres un cliente y tienes una cuenta con cada uno. Los profesores desean tu bien, pero esa relación contigo puede ir perdiendo confianza.
Cada vez que eliges comportarte adecuadamente (atender, llevar los útiles, responder bien a las preguntas, participar, cumplir) es como si depositaras dinero en la cuenta. Quizás, alguna vez falles, pero si generalmente lo haces bien, tienes “fondos” en la cuenta: te tienen confianza. Y, también, a la hora de tomar en cuenta tu opinión, ésta vale, tiene “crédito”: te creen.
Cada vez que eliges comportarte mal (molestar, no tener los elementos, estar en la inopia) retiras “fondos”. Vas perdiendo confianza hasta dejar de tener saldo y tu cuenta se pone en rojo. Si tienes diez profesores, tienes cuentas en diez bancos.
Si caes, puedes salir del rojo, pero no prometiendo sino demostrando realidades. Y, a medida que pasa el tiempo, pierdes opciones.
Si un alumno pretende recuperar la confianza que perdió a lo largo de las 106 clases de Historia, haciendo las cosas bien sólo en las dos últimas, no lo logrará. Hizo las cosas mal el 98,11% del tiempo y pretende arreglarlo haciendo las cosas bien el 1,88%
Empezar con un fin
No vale la pena, entonces, que vayas a consultar a una adivina: nuestro futuro depende en gran medida de nosotros y el mejor modo de predecir el futuro consiste en crearlo. En esta nueva etapa, antes de empezar a tomar decisiones, es bueno usar la imaginación y proyectarnos al final de este año:
Hace calor –siéntelo- porque ya estamos cerca del verano. De las casas vecinas llega el chapoteo del agua, chicos jugando en alguna pileta de natación cercana. En los comercios, arbolitos y adornos navideños. Llegas al colegio, vas a la Secretaría y allí, un poco nervioso, pides tus calificaciones. Las buscan en un archivo y finalmente te entregan el boletín. ¿Qué dice allí? Dice que has aprobado todas. ¿Cómo dijo? ¿Todas? Sí, todas… Todas… ¡¡¡TODAS!!!
¡Imagínatelo! Trata de disfrutar la sensación de “misión cumplida”, deja que el alivio dé paso a la alegría. ¡Escucha la música que te parezca más apropiada para este gran momento! ¡Imagina la sonrisa de tus padres cuando les des la noticia de que estás “limpio” de exámenes! Toma conciencia de que ya han comenzado tus vacaciones y de que te las has ganado en buena ley.
Esta es la meta… y hacia allí nos encaminaremos. Lo que hemos hecho se llama visualización. Nos pone en presencia de la meta gracias a nuestra imaginación. Claro que querer llegar no es lo mismo que haber llegado. Pero es necesario tener claro cuál es el fin al que dirigimos nuestros esfuerzos. En primer lugar, ¿qué hacen los profesores? Simplificando, diremos que el trabajo de enseñar tiene una serie de fases que son, básicamente, éstas: EXPLICAR + EJERCITAR + EVALUAR = APROBAR.
Por eso, como primera actitud, te recomiendo aprovechar las horas en clase. ¿Crees que alguien que mentalmente esté haciendo “zapping” entenderá? Muy poco. Luego le echará la culpa al profesor: –¡Es que explica tan mal! –pero el problema no es del profesor. Es de él.
Es necesario adquirir el hábito de estar concentrado. No sólo por ti, sino también por el resto de tus compañeros. Por solidaridad con el grupo.
¿Eres solidario con tus compañeros?
Es bueno tener preocupación por la solidaridad. Es importante hacer colectas de alimentos, ayudar a los necesitados. Pero la solidaridad no es “entregar paquetes”. Es la capacidad de entregar algo propio o entregarse uno mismo en beneficio de los demás. No pierdas de vista, por último, que uno de tus primeros deberes de solidaridad lo tienes para con tus compañeros y consiste en facilitarles un clima adecuado para el trabajo y el aprendizaje.
Fuente: Hacer Familia Argentina
Tal vez te sirve para Javier, abrazos, Lucky
Me parece un artículo excelente, de verdad, ya lo he impreso y se lo voy a compartir a mis hijos. Muchas gracias, tal parece que fuera dedicado a mis hijos!!!!
Miss Margarita Este artículo esta muy bonito talvez lo podamos incluir en el siguinte boletin??? Susan
Muy interesante el planteamiento sobre la solidaridad. En la mayor parte de nuestras relaciones, resulta difícil "saber colocarse en los zapatos del prójimo". Debería de ser una de las primeras situaciones a pensar antes de actuar. Sobre todo en nuestro país Guatemala, el tema de la verdadera solidaridad, está más que olvidado.
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