Por: Aníbal Cuevas
El alto índice de divorcios, separaciones y situaciones de fracaso matrimonial puede hacernos creer que el matrimonio es algo pasado de moda, una institución que ha fracasado en nuestros tiempos. Algo que estaba bien hace tiempo pero que ahora no vale ..... hay que organizar la familia, y por tanto la sociedad, de otra manera.
No es esa la visión que yo tengo; el elevado número de fracasos matrimoniales y de familias rotas no son consecuencia de que el matrimonio sea algo propio de otras épocas. Se trata más bien del resultado del comportamiento de las personas, no es pues responsabilidad de la institución sino de cómo nos relacionamos, de los valores que rigen nuestras vidas y de los hábitos que vivimos. La responsabilidad es personal, de cada uno.
Por definición los seres humanos somos limitados, capaces de lo mejor y de lo peor; y en mitad del camino, de la mediocridad y la falta de compromiso. Todos hablamos de los valores pero ¿cómo llevamos estos a la práctica? ¿son los valores algo etéreo, liviano, transparente?
De poco sirve tener valores si no se llevan a la práctica. Es por ahí donde hay que empezar, la palabra clave es compromiso y la herramienta, los buenos hábitos. De ellos escribiré en los próximos días.
Estoy muy de acuerdo. El matrimonio es una oportunidad única y maravillosa para que dos personas fusionen sus proyectos de vida y realicen sus sueños de siempre. Pero ello implica un férreo compromiso y una entrega sin límites, dando lo mejor de nosotros y apoyándonos mutuamente por todas las etapas de la vida. No es algo fácil, exige de nosotros virtudes, virtudes que hay que trabajar a diario.
Me parece muy interesante,´a qué hábitos se refiere?
Nunca es tarde para comenzar por donde se debe empezar: volver al principio de nuestra creación y recordar que venimos de una fuente Divina que no hemos asumido por falta de conocimiento, y que nos llevaría a comprometernos para hacer de cada una de nuestras vidas un verdadero milagro: acoger al verdadero Dios, al Dios del amor.