Posts con etiquetas "Virtud"

La virtud de la pobreza

Publicado por admin el 05/01/09 en Virtud - Sin comentarios - Deja tu comentario

La virtud de la pobreza nos lleva a pensar en las necesidades de nuestro prójimo, y no solamente en las nuestras. No se trata de tener o no tener mucho, sino de cómo empleamos lo que tenemos.  El que es "pobre de espíritu" sabe que los bienes materiales son sólo medios para llevar una vida digna y para hacer el bien; también sabe que no puede poner su confianza en el dinero, que igual como llega se puede ir. No se afana por acumular dinero, pero tampoco desperdicia y consume su hacienda en gastos inútiles, sin medida ni razón.


Estos criterios de sentido común son los que cualquier padre de familia honrado se preocupa de inculcar en sus hijos. Es difícil enseñar a los niños y a los jóvenes cómo ser pobres, cómo vivir la virtud de la pobreza, sobre todo cuando los criterios por los que se mide el éxito personal se han vuelto inseparables de la prosperidad económica. Sucede a menudo, además, que los padres que han sufrido necesidades materiales no quieren que sus hijos pasen por lo mismo, aunque reconocen el valor formativo que muchas veces conllevan las situaciones de necesidad. ¿Cómo hacer para encontrar el equilibrio? ¿Cómo saber cuándo conviene negar al hijo aquel aparato electrónico costoso, a la hija aquella ropa de marca, símbolo de estatus?


Las circunstancias varían, pero los principios son los mismos. Se trata, en definitiva, de aprender a relacionarnos con los bienes materiales. No somos solo espíritu ni solo materia, pero el espíritu debe dominar a la materia; lo material debe estar al servicio de lo material. Y a eso apunta la virtud de la pobreza: a adquirir señorío sobre los bienes materiales. Podemos decir que la relación entre el hombre y el dinero o los bienes materiales es análoga a la que debe existir entre su alma y su cuerpo. No se trata de despreciar el cuerpo, así como no se trata de despreciar el dinero; pero tampoco debemos satisfacer todos sus caprichos, de igual manera que tampoco debemos hacer gastos innecesarios.


En este sentido, es interesante que la palabra griega que se utiliza en la conocida Parábola del Hijo Pródigo para referirse a la hacienda que el muchacho desperdició sea "οὐσία", es decir, "sustancia":  "y allí desperdició su sustancia viviendo perdidamente" sería la traducción más exacta de Lc. 15, 13, que de hecho se conserva en la Vulgata.  Quien desperdicia (disipa) su hacienda (su sustancia) se pierde, al vivir lujuriosamente, pensado sólo en su comodidad:  "et ibi dissipavit substantiam suam vivendo luxuriose". Para evitar que las partes que forman nuestra vida y nuestra familia se disipen (disipar es "esparcir y desvanecer las partes que forman por aglomeración un cuerpo") es preciso evitar la lujuria que nos lleva a amar desordenadamente los bienes materiales; es necesario aprender a ser pobres de espíritu.