Posts con etiquetas "Adolecencia"

Aprender a decir que 'no' a los hijos, 22/06/08

Publicado por admin el 08/12/08 en Adolecencia - Sin comentarios - Deja tu comentario

¿Cómo ayudar a los hijos rebeldes? Muchos padres hoy en día se hacen esta pregunta y no encuentran una respuesta fácil. El hijo o la hija adolescente que reclama a sus padres por una supuesta falta de libertad en casa puede llegar a ser una amenaza para la paz familiar y para la estabilidad emocional de los padres. ¿Qué debe hacer un padre o una madre para hacerle comprender a su hijo que al pedirle que no llegue tarde a casa, o que no frecuente ciertas amistades, no lo hace por imponer su autoridad sino para protegerlo? ¿Hasta cuándo deben los padres proteger a los hijos? La última pregunta es, en realidad, retórica: los padres siempre deben proteger a sus hijos; el problema radica en cómo deben hacerlo. Se imponen unas aclaraciones previas: en primer lugar, los padres no pueden ni deben renunciar a la autoridad sobre sus hijos. Ante la pregunta de si se puede recuperar la autoridad en la familia, el juez de menores de la provincia de Granada (España), Emilio Calatayud, respondía lo siguiente: “No es que se pueda, es que se debe. Parte del error es que no aprendemos a decir que no. Se insiste mucho en dialogar con ellos, que está bien, pero llega un momento en que hay que imponer un límite y una autoridad. Porque en toda convivencia hay que poner normas y límites”. Segundo: “Se odia el pecado, pero no al pecador”. Es decir: los padres deben poner especial cuidado en que los jóvenes o los niños se enteren de que cuando los corrigen es porque los aman. Nada de gritos ni de miradas fulminantes. A un hijo que insiste en portarse mal, se le puede decir, con estas o parecidas palabras: “estoy muy triste por lo que has hecho; me duele porque veo que te estás destruyendo. A mí no me dañas, pero soy tu padre y tengo una gracia especial para saber lo que te conviene, aunque tú no lo creas”. Tercero: parece claro que nuestra sociedad necesita recuperar el papel del padre. Ante la pregunta “¿cómo recuperar el papel del padre, que parece perdido?”, el juez Calatayud responde lo siguiente: “antes, el padre daba la imagen de autoridad, y la madre tenía un papel mas acogedor. Ahora los roles se han igualado tanto que los dos hacen papeles muy parecidos. Nos ha tocado vivir una época de cambio en la familia, de pérdida de identidad, y todavía no lo hemos encontrado. De momento, se han producido cambios importantes: no hay abuelos; la madre trabaja fuera del hogar; las casas donde viven son pequeñas; no existen familias numerosas, etc. Para paliar estos cambios, la unidad familiar es fundamental”. Y lo demás consiste en amar, en saber amar. En lo que concierne a la educación de los hijos, no está demás recordar que se les debe amar bien, lo cual querrá decir muchas veces tener que decir que no, aunque nos duela. “Debemos aprender a decir que ‘no’ a los hijos”, sostiene Emilio Calatayud. Pero si no podemos decirnos que ‘no’ a nosotros mismos, tampoco podremos tener la fuerza y el carácter necesario para decirles un ‘no’ lleno de cariño cuando haga falta.

 

Mi hijo ya es un adolescente,22/06/08

Publicado por admin el 02/11/08 en Adolecencia - Sin comentarios - Deja tu comentario

Que los adolescentes son fácilmente impresionables todos lo sabemos. Pero como todos hemos sido adolescentes, también sabemos que necesitan orientación y… un poco de firmeza de parte de los padres. Los padres no deben entrar en pánico cuando descubren que sus hijos están cambiando. Es natural. Todos sabemos lo complicado que es descubrir cuál es nuestro lugar en el mundo; lo difícil que es conformarse con tantas cosas que no están bien… El choque de los ideales con la realidad puede ser muy duro, pero se supera. ¿Cómo lograr que ese “conformarse con la realidad” no termine en simple conformismo? ¿Cómo lograr un sano equilibrio entre los ideales y la realidad? En primer lugar, haciendo ver a los hijos que todo lo bueno requiere tiempo; que los cambios no se logran de la noche a la mañana; que esa será su tarea de toda la vida. Habrá que enseñarles que la obra más importante que tienen que escribir es su propia vida; que no se extrañen si hay tachones, hojas en blanco e incoherencias. ¿Quién ha dicho que escribir una gran novela sea fácil? Pero la magnitud e importancia de la empresa es lo que le confiere su atractivo. ¿Qué obra escribiré con mi vida? ¿Un comedia? ¿Una novela insustancial? Cada día es una página escrita en la gran obra de mi vida. ¿Qué página escribí hoy? Habrá que enseñar a los hijos adolescentes, dialogando con ellos, que el mejor camino para lograr los ideales por los que sueñan no necesariamente es el más rápido y el más fácil. Muchas veces, es justamente lo contrario: las cosas buenas de la vida cuestan, y se consiguen con paso del tiempo. “La paciencia todo lo alcanza”; “por la paciencia poseeréis vuestras almas”, han dicho los santos. Los padres tendrán que comprender que si de algo carecen los adolescentes es de paciencia. Es natural; les sucede como aquel pobre hombre que pedía a Dios: “Dios mío, dame paciencia, ¡pero dámela ya!”. Si un adolescente no tuviera prisa por ver logrados sus proyectos, algo extraño estaría pasando. En este caso, quienes deben tener paciencia son los padres. En tercer lugar, habrá que hacer ver a los hijos adolescentes que la libertad se gana y se conquista. Todo joven quiere ser libre; tal vez sea ésa su más profunda aspiración. Pero se olvidan de que la libertad también hay que ganársela. Y la primera libertad que tienen que ganar es la de ser libres de sus ganas y de sus caprichos, de sus sentimientos e instintos. “A ser hombre se aprende”, dice el lema de un colegio. A ser libre, también. Ser libre no es poder hacer lo que me dé la gana. Eso es ser esclavo de las ganas. Los niños no son libres, precisamente porque son juguetes de sus deseos y apetencias del momento: no saben decirse que no, dominarse. No son dueños de sí mismos. Ésa es la más ardua tarea: la de llegar a ser señores de nosotros mismos. Y que no se dejen influenciar por cancioncitas... “Libre como el sol”, “libre como el mar”… ¿Se han molestado en pensar que ni el sol ni el mar son libres, que el sol tiene que salir todos los días y que las olas del dependen de la atracción de la luna? Habrá que enseñarles, también, a tener criterio propio. Los adolescentes, por naturaleza, son extremistas: o perfectos, o muertos. No saben lidiar con el término medio, desprecian la imperfección. Si es un joven, “antes muerto que tener una gran barriga”; si es una jovencita, “antes me muero que tener una cara llena de cicatrices”. La mejor ayuda que se les puede dar es lograr que salgan un poco de sí mismos, que piensen en los demás. Dejarán de pensar en sus pequeños problemas cuando vean la magnitud de los problemas que otros afrontan con dignidad y sin quejarse tanto. Nadie ha dicho que educar adolescentes sea fácil. Pero el camino no es condescender; es empeñarse más en tener mano de hierro con guante de algodón.